“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

sábado, 31 de agosto de 2013

MUNDO TRADI




El Dr. Cide Ben Trovato nos envía un informe que ha elaborado recientemente, sintetizando de acuerdo a su observación los diversos síndromes, desviaciones y enfermedades que a su criterio suelen cundir en las filas tradicionalistas católicas, llevando a distorsionar –por exceso o defecto- el verdadero sentido de la Tradición católica.

Nos aclara el Dr. Trovato que ningún católico de la Tradición está totalmente inmune a la posibilidad de contagiarse alguno o varios de estos síndromes -de hecho hay varios que actúan combinados y se retroalimentan-, pero también nos tranquiliza diciendo que padecer de vez en cuando de alguno de estos síntomas no equivale a haber contraído la enfermedad, en tanto los síntomas no se hayan vuelto dominantes en la persona. Pero el mayor peligro reside en que una vez que uno de estos síntomas ha dominado a un católico, a éste le resulta muy difícil darse cuenta de ello, por lo que se debe estar atento a las primeras señales. La atención, señala el Dr. Trovato, es fundamental no sólo en esto, ya que la vida del católico es un combate permanente contra enemigos de afuera pero, mucho más peligroso, es el enemigo de adentro.

Agrega también nuestro amigo –y nosotros con él- que en todos los caracterizados hay actitudes dignas y sentido de la nobleza, y no están exentos de verdades y, a veces, esfuerzos personales. Son hombres valiosos que dividen fuerzas en un combate atroz. Aunque todo ello no basta para sobreponerse a un contagio generalizado que cada vez parece extenderse más y que a través del engaño y la confusión puede desviarlos del buen camino hasta costarles muy caro, habiendo muchos que actualmente rinden las armas y buscan negociar con el enemigo o se vuelven cómodos y burgueses bajo el plácido “paraguas” de la Nueva FSSPX.

No podíamos, finalmente, dejar de pedirle al Dr. la “vacuna” contra todas estas afecciones, pero muy prudentemente el Dr. nos dice que no siendo él sacerdote, sólo se permite dar una sencilla opinión, aunque puede estar equivocado. Dice él que algunos caen porque su oración no da frutos, pues no se mortifican. Otros, se han vuelto puramente exteriores en su religiosidad, y aunque tienen muchas devociones, han perdido el amor a la verdad y ya no odian el error. Otros, conocen la verdad pero no son humildes, lo cual los termina desviando del camino. Pero para reconocer la verdad se requiere la humildad porque la primera verdad es acerca de sí mismo. “Explorar la verdad en toda su complejidad, necesita de momentos en que confesemos nuestra ignorancia, en los que francamente admitamos estar equivocados, no haber sido francos o estar dominados por los prejuicios. Tales admisiones son penosas, pero realmente enriquecen el carácter, tanto como lo empobrecen nuestros contactos con la falsedad” (Mons. Fulton Sheen). El orgullo es lo que nos hace caer en la irrealidad, en la oscuridad “luminosa” de las fantasías. Y lo mismo ha ocurrido a nivel institucional. Como dice Monseñor Straubinger: “El orgullo no es solamente la  ruina de las virtudes sino también de los reinos. El orgullo, dice el Papa Inocencio III, derribó la torre de Babel, confundió las lenguas, derrotó a Goliat, levantó el cadalso de Amán, dio muerte a Nicanor, hirió a Antíoco, sumergió a Faraón y mató a Senaquerib”. Y dice Santa Teresita: “Jesús no pide grandes obras, sino solamente abandono y agradecimiento”. Pero hay sacerdotes que hablan y disertan sobre esta pequeña gran santa y luego muestran su orgullo institucional y su acomodamiento con una situación que parecería lujosa para cualquier santo. ¡Ah, si imitáramos a los santos, más que hablar de ellos! Amor a la mortificación, al desdén, al rechazo de los hombres que Dios nos da porque entonces eso nos libera para recibir y reconocer la verdad. El que deja de mendigar a Dios –porque ya se empieza a sentir que es “rico” de algo- ése está preparado para caer si no toma pronto recaudos. Todas las herejías, todas las faltas, todas las caídas vienen por el orgullo. Pero si somos humildes seremos verdaderos y “la verdad nos hará libres”. Entonces nuestras excentricidades serán notas de nuestra santidad, y no de esa extraña forma de confusión y locura que hoy cunde por todas partes.

Listado general: Burbujismo (o Trumanismo) - Conviccionitis – Dimondismo - Felleísmo - Legalismo – Politicalismo - Primacionismo – Valenticosis.




Burbujismo (o Trumanismo): Corresponde a los que bien pueden ser llamados “tradis de burbuja”. Son fieles, seminaristas y sacerdotes muy jóvenes que nacieron en familias de la Tradición católica y siempre vivieron y se movieron en ese ambiente. Protegidos de todo contacto con el resto del mundo –a la manera del protagonista de la película “The Truman Show”- para ellos todo funciona bien en la “Frater” y sólo deben obedecer a “Papá Fellay”. Como no han tenido que luchar por la verdad en sí mismos, ni convertirse, y todo lo han recibido en bandeja, esa facilidad y sobreprotección los ha “blindado” para mal, manteniéndolos como en una burbuja fuera del contacto con la realidad donde podrían haber conocido las acechanzas del error y de ese modo verse obligados a revisar y pulir su propia forma de vivir la fe. Su natural bondad es posible que deforme en bonachería porque no está fogueada ni ha pasado la fragua de la contradicción. De allí que sean los más irascibles contra los disidentes de la Resistencia que les señalan verdades que no se animan o no pueden ver, pues tienen una visión idealizada del mundo de la Tradición y sus superiores que nadie puede hacerles variar, excepto una gran catástrofe o un sincero deseo de la verdad (pero este último no les ha sido inculcado nunca). Les falta la “mujer” que ayudó a abrir los ojos a Truman de la película para, conociendo la verdad, al fin escapar de su mundo de ensueños. ¿Será al fin la Sma. Virgen? Conforman la línea-media de la Fraternidad San Pío X. Su Trumanismo los ha hecho caer en el Felleísmo y por lo tanto están resabiados de Liberalismo.

Conviccionitis: Los que padecen esta enfermedad son quienes levantan y despliegan las banderas de sus convicciones (de sus buenas convicciones católicas) en todo tiempo, lugar y circunstancia, así sea en el desayuno o al hablar con un niño pequeño. Hacen ostentación de un exhibicionismo orgulloso y si nadie los sigue, peor para los demás, ellos allá se van solos con sus “banderas” porque “no pueden hacer concesiones”. Les encantan las imágenes de caballeros con armadura, escudo y espadas que van a las cruzadas. Deberían recordar de vez en cuando a San Pedro que presumió de fiel y duro y al fin terminó acobardado por una mujer. Confunden discreción o sentido de la oportunidad con entreguismo, y no conocen otra forma de la comunicación más que el énfasis. Suelen hacer comentarios en los foros de internet con textos en letras enteramente mayúsculas (como si estuvieran gritando). Les gusta declamar su convicción a los cuatro vientos. Creen que la dureza exterior es sinónimo de convicciones inquebrantables. Poseen agudeza mental para ver rápidamente lo que está mal, pero no para todas las cosas. No cuentan con el tiempo (que es de Dios): ellos no pueden esperar. Algunos confunden valentía con bravuconería. Padecen juntamente de Valenticosis. Algunos son Sedevacantistas. Otros se han marchado de la FSSPX, aunque vale aclarar que no todos los que la han dejado padecen de este defecto, y muchos se han librado del Liberalismo gracias a su salida. No debe generalizarse, entonces, acerca de esta salida, ya que ha habido distintas formas y motivos para dejar la FSSPX. Muchos se vuelven sectarios y, como tales, en constante beligerancia con quienes no se adhieren –con el mismo prepotente entusiasmo- a la estrechez de sus miras y a sus definitivas y para ellos indiscutibles conclusiones.

Dimondismo: Los seguidores de los “Hnos. Dimond” no son numerosos pero se hacen notar por su virulento fanatismo. Son antiliberales pero a la vez caen en la herejía porque interpretan a su gusto la doctrina católica de la Iglesia (no aceptan el Bautismo de sangre y deseo como siempre ha enseñado el Magisterio). Son furiosos Sedevacantistas y desprecian a quienes no lo son. Pueden ser llamados Puritanos, aunque tienen sus contradicciones. También tienen influencia gnóstica.

Felleísmo: Los que padecen libremente de esta enfermedad son liberales en distinto grado, algunos abiertamente acuerdistas, otros no, pero coinciden todos en dar un respaldo injustificado y sólo basado en la obediencia ciega o razones subjetivas a Monseñor Fellay y sus cómplices en la Nueva FSSPX. La gran mayoría padecen también de Burbujismo. Su principal característica es que siguen en todo a Mons. Fellay sin analizar lo que hace, lo que dice o lo que piensa y expresa a través de sus comunicaciones y entrevistas. El doble lenguaje de Fellay se les ha contagiado, llevando a los Felleítas al “doble-pensar” y la aceptación de la dialéctica hegeliana. No aceptan un razonamiento claro y frontal: lo rechazan ipso facto. Dan argumentos retorcidos y laberínticos para excusar la traición de su Jefe. La obediencia ciega los ha convertido en línea media, algo de lo que antes se jactaban de no ser. Probablemente esa jactancia tan orgullosa es lo que los haya hecho caer, algunos gravemente en el Fariseísmo, llegando a cometer faltas a la caridad y en algunos casos muy graves. Como dijimos, muchos de ellos son Trumanianos y otros, Legalistas. Suelen ser estos los que acusan de “Opinionitis” a los fieles que osan reflexionar y verter su opinión en temas donde debería reinar la libertad de opinión.

Legalismo: Son acuerdistas indisimulados. Dentro o fuera de la FSSPX, son los que buscan, esperan o sueñan con un acuerdo para el reingreso de la Fraternidad (y por la tanto la Tradición) a la Roma conciliar (ellos no la llaman así) y se fundamentan en cuestiones leguleyas: Roma le dio a la FSSPX lo que pedía y entonces ya no hay “estado de necesidad”. Creen ingenuamente (debido a su resabio de Liberalismo) que la FSSPX puede ayudar a Roma a volver a ser del todo católica. Son muy pro-Benedicto XVI y apoyaron desde la primera hora las engañosas medidas como el Motu proprio y el levantamiento de las excomuniones. Como los Felleítas, suelen citar a Monseñor Lefebvre antes de 1988. No hay razonamiento que acepten para entender la actual situación catastrófica de la Fraternidad y de Roma, y para todo se valen, como los Felleítas, de argumentos rebuscados, improcedentes e irreales pero que fundamentan en cuestiones legales. Son Liberales que se ven a sí mismos como tradicionalistas. Suelen acusar a los resistentes (a quienes llaman recalcitrantes, rebeldes u otras cosas semejantes) de mala intención o estrechez mental, aunque nunca son capaces de rebatir sus argumentos y sus pruebas.

Politicalismo (Peronistas, Disandristas, Nacionalistas, etc): Los hay en la línea media conservadora de la Iglesia oficial y los hay en la línea media de la FSSPX. Los primeros son más firmes difusores de la doctrina política pero en su mayoría son papólatras, aunque con Francisco se han dividido bastante. Los segundos son en gran parte sedevacantistas, y suelen subordinar la religión a la política o sus sentimientos y convicciones vinculados a ésta. No les hace mucha mella la actual crisis que atraviesa la FSSPX y no suelen tomar partido. Hay también algunos que son acuerdistas. Todo lo refieren en términos de estrategia y táctica política. Gustan de esgrimir con sus “espadas flamígeras” en las mesas de café.

Primacionismo: Los Primacionistas siempre se ubican en los de la “primera hora”. Si hubo un desvío o una traición en la FSSPX a la obra de Mons. Lefebvre, ellos fueron sin dudas los primeros en advertirlo y, en consecuencia, sospechan de todo aquel que no advirtió las cosas a la vez que ellos. Su “primogenitura” les da “derechos”, en este caso a criticar lapidariamente a los recién llegados –o recién huidos-, convencidos de la incuestionabilidad e impecabilidad de su juicio. La menor mota de polvo o mancha en una declaración de los “recientes” los torna sospechosos de traición, de blandura o de imbecilidad. Comparten asiento con algunos “super-tradis” que confunden gravedad o seriedad con solemnidad o agresividad hirientes. El sentido del humor no es su fuerte y cuando quieren recurrir a él muestran la saña venenosa que a nadie divierte. Algunos son también Sedevacantistas. Generalmente son los mismos que se ven afectados de Conviccionitis.

Valenticosis: Quien la padece confunde hormonas con valentía. Cree que ser militante equivale a ser “pendenciero”; imagina que ser guerrero equivale a ser “guapo”. Para ampliar ver Conviccionitis y Primacionismo, con quienes comparte características.
  

ADVERTENCIA MÉDICA





Advertencia médica:

Escuchar durante más de dos horas a Monseñor Fellay puede ser perjudicial para la salud y provocar daño psico-emocional permanente, de cuyas graves consecuencias no nos hacemos responsables.
Debajo publicamos el testimonio de algunas personas severamente afectadas:











viernes, 30 de agosto de 2013

El sueño sigue vivo...


Yo tuve un sueño: que Roma nos regularice…



Esperando…

Le dijimos a este amigo que es inútil esperar rectificaciones o retractaciones de Monseñor Fellay respecto de sus escandalosas afirmaciones acerca de Francisco acá, acá y acá, pero él insiste en que quiere esperar. Allá él, lo dejamos y que nos avise cuando se canse de esperar…


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NI GAFAS ROSAS…





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LOS NUEVOS Y SOFISTIFICADOS ANTEOJOS QUE LE PERMITIRÁN COMPRENDER LO QUE EL SUPERIOR GENERAL QUISO DECIR.

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Cobertura exclusiva: Gran entusiasmo de los franceses en la última visita de Mons. Fellay a Saint Malo





jueves, 29 de agosto de 2013

Planificando...


…la nueva “Declaración doctrinal” de la Nueva FSSPX para entregar a Roma.


MILAGRO de MONSEÑOR FELLAY en MORENO...!!!


Un coche amarillo 
cura a un discapacitado 
que pide dinero en un semáforo....
a la misma hora en que en el Seminario Mons. Fellay 

predicaba sobre la curación del paralítico.
  





ESTE HECHO EXTRAORDINARIO CONFIRMA QUE LA FSSPX VA POR BUEN CAMINO...


miércoles, 28 de agosto de 2013

Sobre el último sermón de Mons. Fellay


¿Qué opina, Don Corleone?



La política de Menzingen para la Nueva FSSPX




Corriendo

“-¿Y si el Papa le llamase?
-Si me llama, voy en seguida. Mejor dicho, voy corriendo. Esto es seguro”

Mons. Fellay  (revista “30 Días”, Nº 9, octubre de 2002).


La Fraternidad ha recuperado la normalidad, todo está en orden



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No importa qué marca de yerba prefieras…




No importa lo que pienses o lo que seas…





Porque el mate nos une






Es un mensaje de


Nuestro Vigilador se ha tomado un momento de descanso. No lo interrumpa. En breve volverá a su puesto de trabajo. Muchas gracias.



domingo, 25 de agosto de 2013

PRIMICIA: ENCONTRAMOS AL PROVOCADOR QUE MOLESTÓ A MONS. FELLAY EN SAINT MALO - VIDEO EXCLUSIVO


La agencia informativa Pericón, en este enlace da cuenta de lo realmente sucedido en Francia con Mons. Fellay, lejos de los rumores malignos que quisieran hacer creer que alguien dentro de la FSSPX se opone o disiente con su Superior general.



Citamos textualmente:

LAS MÚLTIPLES FOTOS DESMIENTEN EL RUMOR MALEDICENTE DE UN "FALSO TRADICIONALISTA": NADA EMPAÑÓ EN SAINT MALO LA REUNIÓN, QUE TUVO LUGAR CON GRAN AMABILIDAD DE LOS PRESENTES. 

LA DESUBICACIÓN DE UN ASISTENTE, QUE ACOMETIÓ VERBALMENTE A MONSEÑOR BERNARD FELLAY PARA LUEGO DIFUNDIR EL EPISODIO ENTRE LOS DESERTORES, NADA SIGNIFICA. SIEMPRE APARECE ALGÚN PROVOCADOR, ENVIADO A ESE FIN POR QUIENES NO ENCUENTRAN SOSIEGO DESPUÉS DE HABER DESERTADO, DESPUÉS DE HABER TRAICIONADO LA OBRA FUNDADA POR MONSEÑOR MARCEL LEFEBRE.


Sin embargo, así se vivió la jornada:




Para completar la noticia y dejar en claro quién es el individuo de quien un comentador anónimo del blog citado dice que CUENTAN QUE SE TRATABA DE UNA PERSONA DE EDAD, QUE ESTABA MUY ALTERADA, nuestro corresponsal extranjero ha obtenido mayores datos acerca del desubicado que causó cierto nerviosismo en el Sultán de la Nueva Fraternidad.
El agresor es un negacionista alemán llamado Hans von Hiller, que según pudimos averiguar reside actualmente en España y tiene vínculos con los etarras. Sin dudas enviado por el grupo de Williamson para desestabilizar la organización de la cual no les bastó haber desertado. Debajo una filmación exclusiva del sedicente alemán en un hotel parisino:


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Así hablan los tradi-liberales



El equilibrio de Mons. Fellay



“Hay que permanecer en esta situación de equilibrio extremadamente delicado”.
Monseñor Fellay




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INGENIO Y HUMORISMO DE LOS SANTOS




Se ha dicho por alguien: «El buen humor cons­tituye las nueve décimas del Cristianismo». En sen­tido literal no es ésta la realidad, mas su valor ra­dica en la sutileza de la afirmación, ya que el sen­tido del humorismo ocupa un lugar importante en la vida religiosa. El padre Benson no vacila en lla­mar al humorismo de santa Teresa de Jesús «don divino». La sabiduría viene de arriba, de lo alto, y es don del Espíritu Santo; el humorismo forma par­te de la sabiduría. El humorismo es la sal de la vida y en cierta medida es la sal de la vida religiosa, pre­servándola del agotamiento. G. K. Chesterton dice de san Francisco de Asís: “El sentido del humor es la sal de todas sus ocurrencias”. La historia de todas las herejías es en gran parte la historia de la pérdi­da de sentido del humorismo. Sus aberraciones y absurdos pueden difícilmente, dejando aparte la obra del demonio, tomarse en cuenta de otro modo. «Ríe y hazte fuerte», decía san Ignacio; y a uno de sus novicios de la Compañía: «Siempre te veo son­reír y me alegro de ello».
Es notable que una de las santas que mayor sentido común demostraron se distingue por su espíritu alegre y por un agudo sentido del humoris­mo ¿Quién ha osado rezar como rezó santa Teresa? «De devociones bobas nos libre Dios». A una de sus monjas, bastante aficionada a servirse de citas clá­sicas, le deseaba se viese libre de convertirse en una «latinista». Cuando le preguntó su opinión acerca de un memorándum escrito por D. Francisco de Sal­cedo risueñamente respondió que el autor no cesaba de repetir en aquellas páginas: «como dice san Pablo», «como dice el Espíritu Santo», para lamen­tarse al final de no haber dicho más que disparates y que por consiguiente, ella se sentía tentada «a denunciarlo a la Inquisición». En uno de los numero­sos viajes que efectuó para las fundaciones, acom­pañada como siempre de varias monjas y de algunos clérigos, se hizo alto durante la siesta a causa del gran calor. Colocados todos al resguardo de un puente mantuvieron el buen humor narrando diver­tidas historias. Era muy aficionada a enviar ver­sos al Padre Gracián, con objeto de hacerle reír. Inventaba motes, algunos de gran agudeza, para aquellos con quienes tenía que tratar. El Nuncio era “Matusalén” los carmelitas calzados “los ga­tos”» y los “búhos” y, desde luego, los descalzos eran las “águilas” y las “mariposas”. Unas veces se denominaba a sí misma “pobre Angela” y otras “Lorenza”. En ocasiones explicaba la razón de tan buen humor alegando la necesidad de que, para la buena marcha de sus conventitos, cada una de las monjas mostrase su poquito de humor correspon­diente.
Hablando del Cura de Ars, escribió René Bazin: «¡Qué gran sentido del humor poseía el santo!». Y es cierto. El abate Toccanier le expresaba una vez su compasión por los malos tratos y el ruido con que el demonio le atormentaba. «Tenemos que acostum­brarnos a todo, incluso al diablo», respondió el Cura. «El «Grappin» y yo casi somos buenos camaradas».
Cierto día preguntó a una dama muy locuaz si había algún mes del año en que hablase un poco menos, excluido febrero, naturalmente. Cuando un sacerdote le pidió autorización para celebrar Misa en su parroquia, el santo repuso: «Padre, lo único que lamento es que hoy no sea la fiesta de Navidad, en cuyo caso podría celebrar tres».
— « ¿Qué debo hacer para entrar en el Cielo?», le preguntó una dama excepcionalmente corpulenta.
— «Tres Cuaresmas, hija mía».
— « ¡A mí nunca me han hecho esperar, ni si­quiera en el Vaticano!» — le decía en cierta ocasión una dama encopetada.
— «Es posible, señora, pero aquí tendrá que es­perar por vez primera».
Una religiosa díjole un día:
— «Padre, la gente cree que sois muy ignoran­te».
«Y, con todo, siempre podré enseñar más de lo que vosotras sois capaces de aprender».
Aludiendo a la crinolina, tan en boga en aque­lla época, solía decir:
— «El emperador ha hecho muchas cosas útiles pero hay algo que ha descuidado: debería haber or­denado ensanchar todas las puertas para permitir el paso a las crinolinas».
Contemplando en el salón de un castillo el re­trato de una dama en traje de recepción, exclamó:
— «¡Podría pensarse que ibá a subir a la gui­llotina!».
Con referencia a san Felipe Neri, dice el carde­nal Capacelatro: «Había en su carácter un rasgo que los jóvenes nunca dejaron de admirar: en todo momento se mostraba alegre y jovial». Al igual que todos los florentinos de su tiempo se hacía notar por su vena de ocurrentes salidas:
— Como poco — explicaba una vez más — por­que no quiero ponerme tan grueso como nuestro amigo Domenico Scarlatti.
Era vegetariano y, paseando una tarde en com­pañía de varios amigos, declaró mientras pasaba ante ellos el carro de un carnicero: «Gracias a Dios, puedo pasarme sin ese relleno».
En más de un pasaje escribe en favor del carác­ter alegre santo Tomás de Aquino, y san Felipe Neri es bien sabido que fue uno de los santos más simpáticos y humoristas.
Ya hemos hecho observar, también, que san Francisco de Asís estaba dotado de una dosis no pequeña de buen humor. Luego de haberse hospeda­do una temporada en la casa de un cardenal los demonios le apalearon, y el santo afirmó que era el castigo de haber alternado con un ejemplar de la clase cardenalicia.
Refiere la leyenda que cuando solicitó una en­trevista con el sultán de Egipto, con objeto de convertirlo, se le tendió un lazo. El sultán ordenó ex­tender un tapiz cubierto de cruces sobre el piso de la tienda: «Si camina sobre el tapiz, le acusaré de insultar a su Dios; si se niega a hacerlo, lo acusa­ré de insultarme a mí». Francisco marchó con toda naturalidad sobre el tapiz, y al verse acusado de impiedad repuso:
«¡Debéis saber que nuestro Señor murió entre dos ladrones, que también pendían de cruces. Nos­otros los cristianos, poseemos la Cruz verdadera; pe­ro las cruces de los ladrones las dejamos para voso­tros y, por lo tanto, no me siento avergonzado de pisarlas».
Que sea o no cierta la historia, en cualquier caso demuestra la reputación de san Francisco como po­seedor de gran agilidad de espíritu.
Hasta en las cartas de san Jerónimo descubri­mos alegría y humorismo. A una matrona, cuyo abuelo era pagano y sacerdote de Júpiter, y cuya conversión deseaban todos ardientemente, decía en una carta: «Estoy persuadido de que el mismo Jú­piter se hubiera convertido al cristianismo, de haber tenido parientes y familiares parecidos a los suyos».
El espíritu de jovialidad es una notable carac­terística de los mártires ingleses y sorprende com­probar en cuánto grado lo ponen de relieve las Ac­tas del martirio.
Eminente sobre todos fue en este aspecto san­to Tomás Moro, el cual eclipsa casi a los demás. El sentido del humor no le abandonó ni siquiera en el momento de la ejecución, «Ayúdame a subir — dijo al gobernador de la Torre de Londres —, que para bajar no tendré necesidad de ninguno de vosotros».
El venerable pasionista Padre Domingo que re­cibió al cardenal Newman en la Iglesia Católica y que era en todos los aspectos hombre de gran mor­tificación, se permitía utilizar a grande dosis el sen­tido del humor, como puede verse en el gran núme­ro de ocurrencias graciosas registradas en su bio­grafía. Cuando una piadosa señora le consultó res­pecto a las visiones nocturnas que le acaecían, la hizo sufrir un verdadero interrogatorio acerca de la calidad y de la cantidad de vino que acostumbraba a beber en la cena.
En una de las cartas de santa Magdalena Sofía hallamos esta fina observación: «Nuestra Sociedad no se ha fundado para probar que las mujeres pue­den convertirse en hombres, si bien esto puede ser menos difícil en un país en que como éste de Fran­cia tantos hombres se convierten en mujeres».
San Agustín, en una carta a Posidio, discute la conveniencia de que las mujeres casadas se pinten el rostro y se muestra inclinado a condenarlo, como forma de engaño; termina: «Estoy seguro que ni sus propios maridos necesitan ser engañados de esa manera».
No olvidemos tampoco a santa Juana Francisca de Chantal. Un joven, cuya prometida había ingre­sado en el convento para hacerse religiosa; se pre­sentó lleno de ira para propinar a la santa una buena filípica en una violenta escena. Cuando terminó la tempestuosa entrevista, santa Juana comentó: «Ja­más he oído un panegírico que me haya causado tanto placer».
Hasta la autobiografía de santa Teresa de Li­sieux está llena de delicado humor, y tenemos fun­dados motivos para pensar que si Ana de Guigné hubiera vivido algunos años más hubiera mostrado un temperamento parecido. Al perder el primer diente recibió como regalo de compensación una pre­ciosa muñeca, que su hermanito Santiaguito tardó poco en romper. En el primer momento, Ana se sin­tió muy irritada, mas luego, sobreponiéndose con un esfuerzo dijo a su profesora: «Tanto mejor, así puedo hacer el sacrificio de Abraham».
Poco tiempo después de su conversión, san Ig­nacio fue encarcelado por orden de la Inquisición, y al ser examinado se le acusó de enseñar novedades: «Señor — replicó —, nunca había pensado que fue­se novedad hablar de Cristo a los cristianos».
El mismo humor juguetón fue característico en Francisco de Sales. Se quejaba un religioso en su presencia de que el nuevo superior era todavía peor que el antiguo: «En lugar de un caballo ahora te­nemos un asno». «Pero — contestó el santo —, ¿aca­so Balaam no fue finalmente instruido por un as­no?»
Reprendió en cierta ocasión a un amigo que se había burlado de un jorobado:
— Las obras de Dios son perfectas, alegó,
— ¿Cómo perfectas, si ese hombre es joroba­do...?
— Sí, pero puede ser un jorobado perfecto.
En la conversación y hasta en el pulpito, gus­taba de narrar historias divertidas. Por ejemplo: «Una mujer, que siempre se obstinó en contradecir a su marido, cayó en el río y se ahogó. Buscando el cadáver, el buen hombre remontaba el río en lugar de ir hacia abajo. Cuando los circunstantes le hicie­ron notar que con seguridad la corriente la habría arrastrado con ella, el marido se limitó a responder: «¿Cómo se os ocurre pensar que, incluso muerta, pueda otra cosa que contradecirme e ir contra la corriente?».
Cuando lenguas malévolas se ocupaban de él, acostumbraba decir: «He sabido que mengano y zu­tano me han estado «trasquilando la barba», pero me parece que está creciendo de nuevo». Esta ocu­rrencia nos recuerda la de santo Tomás Moro, que tuvo el buen humor de decir al verdugo, para pro­teger su barba del hacha: «De cualquier modo que sea, mi barba no ha cometido traición».
Durante la predicación cuaresmal de Annecy, uno de los misioneros se permitió acusar a los au­sentes. San Francisco de Sales, poco amigo de tal proceder, así como de los sermones largos, pregun­tó luego: «¿Contra quién estaba hablando? Nos ha reprochado una culpa que no habíamos cometido, puesto que estábamos presentes... ¿Deseaba que nos partiésemos en mil pedazos para ocupar los asien­tos vacíos?».
Este buen humor y jovialidad de los santos es muy instructivo, porque nos recuerda lo que tan propensos somos a olvidar, lo que muchas veces ni siquiera sospechamos, es decir, que hay un gozo más real en la vida de un santo que en todas las excita­ciones mundanas. Todo lo que viene de Dios es ale­gre y la santidad procede directamente de Dios; de hecho, éste es el único atributo divino que es dado al hombre imitar.
En los santos, la piedad se funde con el corazón alegre y ligero. Fulberto de Chartres describe el es­píritu monástico como una mezcla de «sencillez na­tural y de alegría angélica», es decir, que los santos participan en algún grado de la vivacidad de los ángeles. Se ha dicho de las personas piadosas, con algún fondo de verdad, que por una que haga ama­ble la piedad hay nueve que la hacen repulsiva.
Lo cierto es que los santos son siempre inmejo­rables agentes de publicidad en favor de la religión. Apoyan y ponen de relieve el “lado luminoso” de la devoción y predican la lección del servicio gozo­so de Dios.
Inglaterra fue la «alegre Inglaterra» en los si­glos plenos de fe, y Chesterton sostiene que el pue­blo inglés no ha vuelto a reír cordialmente desde los tiempos de la Edad Media. Se ha definido el hu­morismo como la «fuente de la conciliación y de la felicidad que, sonriendo indulgente, contempla el mundo con mirada benévola». Fue la unión de este don natural con el don sobrenatural de la fe la causa del optimismo de los santos.


Aloysius Roche, Los santos fueron humanos (A bedside book of saints), Ediciones Paulinas, Bilbao, 1963.

Ser moderno


Hay en París un hombre desdichado llamado M. Cocteau, cuya entera vida está dedicada a tratar de ser moderno.

Evelyn Waugh, A Little Order


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