“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

jueves, 28 de mayo de 2015

Cuentos perdidos por ahí


LA CONVERSIÓN DEL PAPA
(DE ROBERTO BROWNING)


Por Giovanni Papini





Ninguno de los autógrafos inéditos que se hallan en la colección Everett, ahora propiedad mía, me invita más frecuentemente a una nueva lectura que el poemita de Roberto Browning. Fue Browning menos célebre que Cervantes y que Goethe, también de éstos tengo manuscritos en mi caja fuerte portátil, pero me doy cuenta de que estoy más próximo a él que a los otros. Se trata de uno de los imaginarios soliloquios que figuran entre los más felices inventos del poeta, y me asombra que jamás lo haya publicado. Su título es extraño: La Conversión del Papa. Creo que es una idea genial. En el poema habla el hijo único de un ignoto hereje bohemo de la Edad Media, hereje a quien Browning llama Jan Krepuzio; por haber profesado públicamente algunas teorías blasfemas sobre los motivos de la Redención, la Inquisición lo hizo apresar, torturar y finalmente fue quemado vivo en una plaza de Praga. Su hijo, el niño Aureliano, fue escondido en Alemania por algunos parientes lejanos, pero jamás pudo olvidar el fuego que había consumido a su padre. Una vez adulto y libre decidió vengarse de la Iglesia de Roma, empleando un nuevo sistema de venganza jamás ideado por otro. Con nombre fingido se fue a un convento de Milán, y solicitó ser recibido como hermano lego. Su obediencia y bondad le valieron el premio deseado se le recibió entre los novicios. Su celo por la vida monástica y por la Sagrada Teología pareció ser tan ardoroso y sincero, que al cabo de sólo tres años fue ordenado sacerdote. Obtuvo entonces ser enviado a predicar la verdad católica a países de infieles y cismáticos, y con su palabra y ejemplo logró convertir a ciudades enteras. Fue  encarcelado por los enemigos de la verdadera fe, pero pudo huir de entre sus manos, y hasta se dijo que lo logró con la ayuda de un ángel. Su nombre llegó a oídos del Pontífice reinante, que lo llamó a Italia y le confirió un obispado. También como obispo y en breve tiempo, llegó a ser famoso en los pueblos. La austeridad de sus costumbres en medio de un clero corrompido, la victoriosa elocuencia de su palabra, la perfecta ortodoxia de sus enseñanzas teológicas, todo hizo de él uno de los prelados más ejemplares e ilustres de su siglo. Pero esto no le bastaba, precisaba obtener otros honores y dignidades para consumar la venganza premeditada. En sus vigilias jamás olvidaba la hoguera en la que habían hecho arder a su padre, según él injustamente. Debía vengarlo, en forma diabólica y clamorosa, precisamente en la capital de la Cristiandad, en Roma, en San Pedro. La palidez de su demacrado rostro era atribuida al ascetismo de su vida, pero en realidad no era más que el reflejo de su prolongado rencor, era el efecto de una fatigosa y perpetua simulación. Murió el anciano Papa y se eligió a otro que había conocido y admirado a Aureliano, y en el primer consistorio lo creó cardenal. Aureliano ya se veía próximo a la meta, y su ardor apostólico en pro de la Iglesia se acrecentó más y más. Fue Legado Pontificio, Doctor en un Concilio y Cardenal de Curia; en todo ello demostró ser un infatigable defensor de los dogmas y de los derechos de la Iglesia Romana. Ya casi era anciano, pero el alucinante pensamiento de la venganza no lo dejaba ni de día ni de noche. También fue alcanzado por la muerte el Papa protector suyo, y en el cónclave subsiguiente Aureliano fue elegido Vicario de Cristo, obteniendo la unanimidad de los sufragios. Aun entonces supo ocultar su inmenso gozo bajo la máscara de una tranquila humildad. Ya estaba próximo el gran día por él esperado y deseado secretamente durante dolorosos años de forzada comedia. Había sido elegido a comienzos de diciembre; entonces anunció al Sacro Colegio y a la Corte del Vaticano que la ceremonia de su coronación se realizaría la noche misma de Navidad. Desde muchísimo tiempo antes había planeado y soñado la inaudita escena: después del Pontifical, después de haberse realizado todos los ritos de la coronación, dueño ya de los privilegios y de las prerrogativas del Supremo Magisterio como cabeza infalible de la Iglesia Docente, entonces se pondría de pie para hablar al clero y al pueblo, y en el silencio solemne de la máxima basílica pronunciaría finalmente las tremendas palabras que vengarían para siempre al padre inocente. Diría que Cristo no era Dios, que había sido un pobre bastardo, un pobre poeta iluso víctima de su ingenuidad, y finalmente, aquí haría resonar su voz como un desafío satánico, finalmente, con el sello de su autoridad proclamaría que Dios jamás había muerto porque jamás había existido. ¿Cuál habría sido el efecto causado por tan espantosas blasfemias, brotadas de los labios de un Pontífice Romano? Tal vez, después del primer momento de estupor ¿lo habrían reducido, gritando que era un loco? ¿Lo habrían hecho pedazos sobre la tumba de San Pedro? No se preocupaba mucho por ello; la voluptuosidad brindada por tan estupenda venganza jamás tendría un precio demasiado elevado. Llegó la vigilia de Navidad y anocheció. Todas las campanas de Roma tañían a fiesta, ríos humanos de nobles y plebeyos marchaban a la Plaza de San Pedro, llenaban el gran templo que parecía ser una inmensa cavidad luminosa, para poder asistir a la fastuosa ceremonia que celebraba simultáneamente el Nacimiento de Dios y la coronación de su Vicario en la tierra. Desde una sala de su palacio Aureliano miraba y escuchaba. Veía aquellas multitudes de fieles gozosos y confiados, oía sus cánticos de Navidad, sus laudos, sus himnos, y en todos ellos se transparentaba una sencilla pero infinita esperanza en el Divino Infante, en el Salvador del mundo, en el Consuelo de los pobres, de los perseguidos y llorosos. Y en aquel instante, en aquella sala donde el nuevo Papa se había encerrado, solo, para concentrar sus pensamientos y sus fuerzas, sucedió algo que jamás fue conocido por otros, se realizó el inesperado y providencial milagro: el pensamiento de toda aquella pobre gente que corría hacia él, que creía en él porque había creído en sus palabras, ese pensamiento lo burló, lo conmovió, lo sacudió y arrastró consigo. Experimentó un escalofrío, se sintió agitado por un temblor, le pareció que una luz jamás vista invadía la gruta oscura de su alma. Repentinamente se sintió inundado y vencido por una dulzura aniquiladora jamás experimentada en su larga vida, por una ternura infinita hacia todas aquellas almas simples, infelices y sin embargo felices, que creían en Cristo y en su Vicario, y súbitamente, el nudo negro y gravoso de la anhelada venganza se deshizo, se cortó, se disolvió en un llanto continuo, desesperado, que le quemaba los ojos y el corazón, que consumía su interior más que una llama viva. El nuevo Papa se postró sobre el mármol del pavimento, y oró de rodillas, oró por vez primera con abandono total del alma, con toda la sinceridad de la pasión, como nunca había orado en toda su vida. El viento impetuoso de la Gracia lo había derribado y vencido en el último instante. Hasta el mismo dolor del remordimiento por su infame pasado de fingimiento, de engaño y duplicidad, le parecía un consuelo inmerecido, un consuelo divino. Aquel dolor quemante lo podría acompañar hasta la muerte, pero purificándolo, salvándolo de la segunda muerte. Cuando los ayudantes y acólitos penetraron en la sala precedidos por el Cardenal Decano, hallaron al nuevo Papa arrodillado, hecho un mar de lágrimas, y se sintieron grandemente edificados. Concluido el solemne rito de la coronación, el Pontífice quiso hablar al pueblo. Habló de Cristo y de su nacimiento en Belén, habló de la Madre Virgen, de los ángeles y los pastores, y lo hizo con tal calor de afecto que todos los oyentes, hasta los viejos cardenales apergaminados en su púrpura, lloraron como hijos que finalmente encuentran al padre a quien creían perdido. Y muchas mujeres, al salir de la Basílica iluminada a la oscuridad de la ciudad, afirmaron que al cabo de siglos un verdadero santo había ascendido a la Cátedra de San Pedro.

De “El Libro negro”, por Giovanni Papini.


El Neo Monseñor Lefebvre o la Iglesia de la Publicidad


Así lo muestran en el Seminario Herz Jesu de la Neo-Fraternidad de Alemania



Antes y después: un poco rarito con ojos y boca pintados…



Bueno, es que los curas de allí miran para otro lado…




 Gracias a Francisco…



¡¡¡La Neo-FSSPX está en las nubes!!!



"El lenguaje del corazón"




Dios no es un cantor de tangos




Pero parece que Francisco










Adulación




El Cardenal Rodríguez Madariaga le canta a Francisco.




Aduladores


Soñar no cuesta nada...




Iglesia francisquista









 

"Hermanos"




¿Quieres un milagrito?


Pos pásale nomás…


domingo, 24 de mayo de 2015

Cada vez más Berreta



Bebida berreta

Vino berreta

Papel higiénico berreta

Sede Berreta


Significado de "berreta":

berreta

1.   adj. y s. amer. Que se comporta con vulgaridad y poco refinamiento.

"berreta" en glosario de jergas y modismos de Argentina:

(pop. lunf.)

"Berreta" en glosario de argentinismos a mexicanismos:

objeto chafa, chaqueto, chairo. Una "berretada" es una birria. | persona falsa. "Esta vieja es muy berreta".


Esta vez el berretismo hasta llegó a cobrar forma en la figura del periodista JUAN BERRETTA (sic), por lo que intuimos que Francisco habrá estado a sus anchas en la entrevista que el mismo le realizara, para el periódico "La voz del pueblo". Porque, en efecto, el “papa humilde” que según él mismo afirma dar entrevistas jamás, ahora se me ha dado, es el estado de gracia”, vuelve a hablar otra vez de sí mismo, haciendo de su figura y "lo que siente" el centro de cada entrevista, cual si fuera una vedette, un actor de cine o un jugador de fútbol, respondiendo a tan profundas cuestiones que inquietan a Berretta, como “¿qué sintió cuándo lo eligieron?” y cosas por el estilo.

Desde luego, que una vez más el supuestamente Vicario de Cristo ignora a Cristo por completo; en cambio reincide en afirmar que “las utopías nos tiran para adelante. Sería triste que un joven o una joven no las tuviera”. Pero Berretta se la juega y en un momento hace una pregunta, digamos así, “comprometida”:- ¿Cuáles son los peores males que aquejan al mundo hoy? La que obtiene como respuesta: - Pobreza, corrupción, trata de personas... 

Por supuesto, de la falta de fe, de la impiedad, de las blasfemias, de la ignorancia religiosa, de los ataques a la Iglesia, del satanismo, de las herejías, de la apostasía, de la epidemia sodomita, de la persecución a los cristianos, etc.,etc.,etc., no será capaz de hablar, como sí se regocija en hacerlo de las que parecen ser sus dos grandes pasiones, dejando de lado el poder: el fútbol y la comida. Tanto es así que la portada digital del periódico remarca lo que parecen considerar su frase más significativa: “Añoro ir a una pizzería y comerme una buena pizza”.

No podía faltar en esta milésima entrevista el consabido chiste denigratorio sobre los argentinos, dejando a un lado el mea culpa que los jerarcas de la Iglesia deberían hacer pues son los primeros responsables de tal desastrosa situación. En fin, usa Francisco la expresión “un corso a contramano en la cabeza”, ¿quizás sin darse cuenta que estaba hablando de sí mismo?


 Entrevista completa ACÁ


Francisco kosher



Esto Pinta mal


El rabino Pinto no puede ir a prisión porque sus hijos caerían en manos de los gentiles

Uno de los documentos presentados a la Corte sostiene que si Pinto sirve un solo día en la cárcel, sus hijos – que se pasan la mitad de cada año en la ciudad de Nueva York con Pinto y su esposa – se pondrán al cuidado de no-Judios y su educación se resentirá.
Durante el juicio, más de 100 seguidores de Pinto que habían abarrotado la sala del tribunal cantaron “tzadik iesod olam” (“un hombre justo es la fundación del mundo”).
El rabino Pinto está acusado de estafa por desviar fondos destinados a supuestas víctimas del llamado holocausto.




Más noticias de la “raza superior” AQUÍ


Vea Ud. la verdadera cara…


…de la iglesia conciliar


Médicos




Enfermó la mujer de un labrador y él mandó llamar a un médico. Éste manifestó algún recelo al pago de sus honorarios y el labrador le dijo ante testigos:
 
—No tenga usted cuidado; cinco onzas de oro tengo. Tanto si mata usted a mi mujer, como si la cura, será pagado. 

Murió la labradora y al cabo de unos días se presentó el médico a reclamar lo que le correspondía, y el labrador le dijo: 

—Aquí me tiene usted pronto a cumplir mi promesa. Pero, antes, déjeme que le haga un par de preguntas delante de los presentes. Dígame la verdad: ¿mató usted a mi mujer? 

—No por cierto —respondió con viveza el médico. 

—Me alegro. ¿La curó usted? 

—Desgraciadamente, no. 

—Pues si no la curó ni la mató, nada le debo.



Dos médicos hablan en la calle. A poco para ante ellos un caballero. Uno de los facultativos le saluda y después dice a su colega:

— ¿Ves a ese hombre? 

—Sí. 

—Pues aún no hace ocho días me pagó tres mil pesetas por haberle curado por completo. 

— ¿Qué tenía?
 
—Pues eso… Tres mil pesetas.



«Mi querido doctor: Proclamo públicamente su éxito en la reducción de mi fractura. 
» ¿No podría hacer algo para la reducción de la factura? 
«Suyo affmo 
Alphonse Allais».



«No hay que dudar… Está yerto… 
Ya expiró», dijo el doctor; 
y el enfermo: «No, señor. 
No es verdad, que no estoy muerto». 
El médico, que lo oyó, 
mirándole con desprecio 
le replicó: «Calle el necio. 
¿Querrá saber más que yo?»


Tinelli y el “Panadero”




De acá

Hay dos personajes cuyas gestas absorben en estos momentos casi por completo la atención de los "argentinos": Tinelli y el "Panadero". Esto revela que el país ha caído en un pozo de imbecilidad que no tiene fondo del cual no se puede salir sin tener, aunque más no sea, un gramo de inteligencia, gramo que no existe en ninguna de sus clases, ni siquiera en las llamadas "clases cultas".
 

El payaso sin gracia llamado Tinelli, reveló el ridículo de los tres candidatos a la Presidencia de la Nación, todos peronistas y todos perfectamente calificados para ese cargo por su mediocridad y su deshonestidad, poniéndolos dentro de su programa de televisión como última escena de una serie de espectáculos ofrecidos por 800 artistas, incluyendo varias señoritas desvestidas que servían de marco para el tal Tinelli. No vi el "show" pero me di un idea leyendo las crónicas zalameras y viendo las fotos de los diarios. Todo de una vulgaridad despreciable. Según el "rating" miraron el mamarracho 4.000.000 de personas.  
 

El "Panadero" es un comerciante de ese rubro que en uno de sus ratos libres les tiró un gas irritante a los jugadores de River para impedirles salir victoriosos en una contienda futbolística con los de Boca.  Horas y horas se habla de este importante asunto en la televisión y en la radio y kilómetros de palabras se han escrito en la prensa para analizar de todos los puntos de vista imaginables este “evento” extraordinario.
 

Es asombroso que un país que está sometido a una tiranía depredadora, con mil quinientos secuestrados políticos, con 39.950.000 de habitantes que miran como se divierten y como roban los otros 50.000 se deje hipnotizar por semejantes idioteces. Pero no es para sorprenderse porque el sólo hecho de que Tinelli sea una especie de modelo nacional del éxito y que el futbol sea la actividad mejor rentada y más atrayente, ya basta para probar que nos hemos convertido en un país digno del menosprecio mundial y, lo que es peor, de la ira divina.

Tinelli, además de ser el payaso mejor rentado del país, adulado, imitado y envidiado por todos los "trepadores" locales, resulta que ahora es una especie de "king-maker", o sea, él ya decidió que el próximo Presidente deber ser uno de los tres que invitó a su programa, en el orden en que él los puso: Scioli, Macri o Massa.  Los tres se prestaron, con sus respectivas "parejas", a ser ridiculizados por el animador, cosa nada difícil porque los tres son ridículos por sí mismos sin necesidad de otra cosa. Pero más ridículos somos nosotros que desde ya estamos dispuestos a aceptar a alguno de los tres como Presidente de la Nación, a pesar de su notoria indignidad y a pesar de que surgirá de un fraude electrónico pergeñado en los obscuros talleres marxistas que nos dominan...
 

Del "Panadero" poco se puede decir ya que surgió de la nada o, mejor dicho, de los hornos de sus cuatro panaderías, tuvo su “momento de gloria” cuando tiró aquel gas en la cancha de futbol y si bien ahora es más famoso que todos los diputados juntos, pronto volverá a la nada, probablemente impune como hasta hoy. Entretanto, desde hace días es entrevistado por toda la prensa y a todos les responde con toda tranquilidad y gran despliegue de verborragia. Y así seguirá por varios días más porque la "interesante" historia continuará cuando algún Fiscal lo acuse por su delito (si es que lo hace) y durante todo el proceso subsiguiente. Y el zonzo nacional seguirá la saga con el mayor interés.

Tinelli en cambio es un prócer indestructible. Ya ha marcado el país entero con su frivolidad insolente y de mal gusto, y el país entero se ha dejado marcar por este "clown" desvergonzado. Los jóvenes "exitosos" lo imitan en sus maneras, sus vestimentas de utilería y su inmoralidad. Y los que jamás hemos visto uno de sus programas nos sentimos contaminados a distancia por sus groserías de las que nos hacemos cómplices, a nuestro pesar, por el sólo hecho de pertenecer a una sociedad que lo admira.
 

Tinelli y el "panadero". Esos son hoy los dueños de la fama. ¿Qué más se puede decir para demostrar que no somos un país ni moral, ni culturalmente viable?
 


Cosme Beccar Varela  
 

Una buena

Nueva edición de "La muerte de Martín Fierro"


LEONARDO CASTELLANI
LA MUERTE DE
MARTÍN FIERRO


EDITORIAL LIGNUM

272 páginas  |  15 x 21 cm.  |  $ 150

El Graduado




GRADUADO EN LA UNIVERSIDAD A LOS 94 AÑOS. Foto proporcionada por la Universidad de West Virginia que muestra a Anthony Brutto, de 94 años de edad (…). Brutto será uno de los graduados de mayor edad en la historia de la Universidad de West Virginia cuando reciba su diploma, el domingo 17 de mayo de 2015. (Brian Persinger / Universidad de Virginia Occidental a través de AP) De acá


Bueno ¿y qué esperaban con ese nombre? Al menos lo logró y ahora es un Bruto con diploma. La Democracy lo puede todo, sí señor…



miércoles, 20 de mayo de 2015

“Yo soy lo que soy”





"Soy lo que soy".

Así dice la cancioncilla que distingue a las lesbicasadas cantantes que fueron a profanar la Basílica de Luján y a ultrajar la Santa Religión Católica. “Yo soy lo que soy”, o sea, degenerada.

Lo mismo puede cantar la iglesia conciliar: “Soy lo que soy”, o sea, hereje, apóstata, falsa, y por lo tanto, también degenerada.

¿Y por qué no va a cantar lo mismo la Neo-FSSPX? “Soy lo que soy”: claudicante, conciliante, dialogante, acuerdista. En síntesis: línea-media. Traidora. Derrotada.

Hace poco –según nos informa el boletín n° 94 del Seminario de La Reja-, el cuerpo docente y los seminaristas de la Neo-FSSPX fueron a la Basílica de Luján. No se privan de mostrar la foto de la visita (véase arriba), con la particular inclusión en la misma del retrato de Francisco que les sonríe y los saluda mano en alto, como dándoles la bienvenida. Por supuesto que pudieron haberse elegido muchísimas otras fotos, tomadas desde una variedad de ángulos distintos. Pero se prefirió esta bonita estampa. De frente, cara a cara con “the Boss”. Es lógico que esto suceda, pues han sido reconocidos y ahora forman parte (si no en un lugar de “reconocimiento pleno” en un lugar de “reconocimiento casi pleno”) de la iglesia de Francisco y Poli, la misma que le abre las puertas de la basílica a una runfla de zurdos y homosexuales para que la profanen con su rock and roll y canciones pseudo-religiosas que le cantan no al “Cristo del madero” sino al que “anduvo en la mar”. El ecumenismo a pleno permite esta inclusión de los renegados marxistas y de los liberales lefebvrianos. Como dice Cambalache, “en el mismo lodo todos manoseados”. ¿Y el honor de Dios y la Virgen Inmaculada? Ah, eso es secundario, ¿no es cierto, Mons. Felé? Lo importante es no quedarse afuera de la “Iglesia” para lo cual es importante tener la “estampilla” de católicos ™ que otorgan los masones y modernistas que han copado Roma. 

 Bienvenidos.


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