“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

miércoles, 24 de mayo de 2017

EL CAJÓN DE MONS. FELÉ





Acabamos de enterarnos, por boca del mismo Mons. Felé, que una crítica (muy severa, suponemos) contra la “Amoris laetitia” de Francisco, fue dejada en un cajón (“cajoneada”, como suele decirse), porque hubieron otras voces en la Iglesia que se levantaron contra el engendro bergogliano. Entonces, ¿para qué criticar, si otros lo hacen? Ciertamente, si, como se dice al comienzo de la entrevista realizada por el impresentable Vogel, si la misión de los obispos es sólo “viajar por el mundo entero para administrar los sacramentos del orden y de la confirmación”, y no enseñar la verdad, que es su primer deber, entonces se comprende que Mons. Felé piense que no es de su incumbencia el enseñar la verdad y combatir el error, así que bien puede entonces cajonear el magnífico documento que dice que los obispos de la Fraternidad han preparado. ¡Al cajón!

Alertados por este hecho, y, para tratar de ver las cosas positivamente, como pide Mons. Felé en la entrevista, nos colocamos los anteojos rosados, y decidimos, en esta regocijante visión optimista, comunicamos con uno de nuestros corresponsales (secreto, por supuesto) de habla hispana (¡no es precisamente el Padre Pablo Suárez!)  en Menzingrado, para que nos reporte si, como sospechamos, efectivamente existen otros durísimos documentos críticos de la Fraternidad que, por esas circunstancias de la vida, debieron ser cajoneados, porque todos saben lo que piensa la Fraternidad.

Así es, en efecto, hemos sido precipitados en criticar el silencio de Mons. Felé y sus adláteres, porque ellos han hablado muy duramente, sólo que sus palabras lacerantes contra Francisco permanecen en los archivos secretos de Menzingrado.

Nuestro colaborador exclusivo nos informa, y nos ilustra, sobre una cajonera a la que ha tenido acceso (nos dice que hay varias), donde se encuentran las siguientes duras críticas de Menzingen contra Francisco y Roma modernista:

-Cajón número 1: Carta contra Amoris laetitia (el día que se iba a publicar justo hablaron los obispos con sus “dubia”).

-Cajón número 2: Carta de Mons. Felé contra la estatua de Lutero en el Vaticano, dejada de lado porque justo ese día Mons. Felé tenía un rendez-vous con Francisco en Santa Marta. No quedaba muy cortés de su parte criticar a su huésped.

-Cajón número 3: Carta contra la recepción de Francisco del presidente de Luxemburgo y su “marido”. Justo el día que iban a publicarla, salió a hablar un sitio web católico tradicionalista. ¿Para qué iba a hablar Mons. Felé si todos saben lo que piensa?

-Cajón número 4: Documento contra la visita de Francisco a Suecia, para celebrar los 500 años de la reforma luterana. Ya estaba el documento ensobrado y listo para salir al correo que lo dejaría en el Vaticano, pero se alzaron algunas voces fuertes criticando a Francisco: ya no tenía sentido enviarlo. Además, todos saben lo que piensa la Fraternidad.

-Cajón número 5: Protesta contra los videos apóstatas que mensualmente realiza Francisco. Mons. Felé había grabado un video muy duro, pero todos saben lo que piensa la Fraternidad, así que decidió archivarlo en el cajón.

-Cajón número 6: Protesta contra el espectáculo de luces “Fiat lux” que profanó la basílica de San Pedro. Como hubo algunas críticas en internet, Mons. Felé decidió no añadir “leña al fuego”.

-Cajón número 8: Crítica muy dura a Francisco, a propósito de sus palabras escandalosas sobre que Jesucristo “se ha hecho demonio por nosotros (…) ha tomado la apariencia del padre del pecado, de la serpiente astuta»!. Fueron tantos los sitios web y blogs tradicionalistas que lo criticaron, que para qué agregar lo que ya estaba dicho. ¡Al cajón!

El cajón número 7 permanece siempre abierto por la simple razón de que está trabado y no cierra. Mons. Felé lo ha aprovechado para colocar en él el texto de la erección de la Prelatura Personal San Pío X. Dice nuestro agente que todos los días bien temprano, antes de iniciar su trabajo, le da una ojeadita, y con eso refuerza su natural propensión a sonreír. Eso sí, nuestro corresponsal no nos puede asegurar que Mons. Felé tenga la conciencia tranquila. Ni tampoco que tenga conciencia, esto es, que sepa lo que está haciendo. Pero, en fin, sigamos con los anteojos rosados puestos, y leamos a continuación extractos seleccionados de la reciente entrevista que, acompañada de violines, le hizo en USA el periodista Vogel.






-Periodista Vogel: Amoris Laetitia ha generado una tremenda cantidad de confusión y controversia desde que fue emitida el año pasado. Por un lado, uno puede decir que es alentador ver que algunos se despiertan a la crisis en la Iglesia; por otro lado, los resultados pastorales de ese documento son realmente devastadores. Hay algunos que afirman que la Fraternidad ha sido demasiado suave en su crítica a Amoris Laetitia. ¿Cuáles son sus pensamientos acerca de este documento y la controversia que se engendró? 


Mons. Fellay: En ese tiempo, yo le escribí al Papa Francisco, y nosotros preparamos un texto para despertar a los cardenales, una carta de nuestros tres obispos. Pero, no diré “desafortunadamente” -esa no sería la palabra correcta- cuatro cardenales tomaron la iniciativa justo antes de que nosotros enviáramos la carta. Ese es el por qué no hubo mucho ruido acerca de esto porque ya estaba hecho. Entonces nuestra carta se quedó en un cajónDe hecho, ciertamente estamos haciendo todo lo que podemos con los que levantan su voz. Creo que es importante que la gente se dé cuenta que nosotros ya no somos los únicos que se quejan, que denuncian, que atacan situaciones malas que están dañando a las almas. Esta puede ser una de las razones de por qué, aquí y allá, yo no hablo inmediatamente, dejando que su voz aparezca y no mezclando la mía con la suya. Porque comúnmente, cuando lo hacemos, ellos son descalificados porque esta tendencia a descalificarnos en la Iglesia moderna todavía está muy presente. Y así, dejando oír su voz, para toda la Iglesia, es probablemente mejor. Y todos de cualquier manera saben lo que pensamos y cuáles son nuestras posiciones. Esto no ha cambiado y todo el mundo lo sabe. Así que mientras que haya voces en la Iglesia que hablen en la dirección correcta, decir que un día u otro hablé más suavemente, no cambia nada en el panorama general, en el gran combate que todavía está allí. Esto es muy, muy claro. Y esto absolutamente no significa que nosotros hemos bajado nuestra voz, por política, para no arriesgar un posible acuerdo -que no es la palabra correcta- o un reconocimiento canónico, simplemente no es verdad. Si alguien se tomara el cuidado de revisar todo lo que he escrito y dicho, dirían que simplemente yo continúo. Todavía somos los mismos. Y yo insisto en Roma en cuanto a decir que así somos y no vamos a cambiar. Podemos ser un poquito menos controversiales en atacar a las personas. Pero nuestra razón no sería solo una ganancia personal. Lo que buscamos es el camino más eficiente para beneficiar a toda la Iglesia. Algunas veces se gana más dando un simple argumento que ladrándolo. Se deben ver los casos. Todavía estamos en combate, lo sabemos, y definitivamente no está terminado.

P. Sardá y Salvany en “El liberalismo es pecado”: “El católico simplemente resabiado de Liberalismo se conoce en que, siendo hombre de bien y de prácticas sinceramente religiosas, huelen no obstante a Liberalismo en cuanto habla o escribe o trae entre manos. Podría decir a su modo, como Mad. Sevigné: "No soy la rosa, pero estuve cerca de ella, y tomé algo de su olor". El buen resabiado discurre y habla y obra como liberal de veras, sin que él mismo, pobrecito, lo eche de ver. Su fuerte es la caridad: este hombre es la caridad misma. ¡Cómo aborrece él las exageraciones de la prensa ultramontana! Llamarle malo a un hombre que difunde malas ideas, parécele a ese singular teólogo pecado contra el Espíritu Santo. Para él no hay más que extraviados. No se debe resistir ni combatir; lo que se debe procurar siempre es atraer. "Ahogar el mal con la abundancia del bien", esta es su fórmula favorita, que leyó un día en Balmes por casualidad, -y fue lo único que del gran filósofo catalán se le quedó en la memoria. Del Evangelio aduce únicamente los textos que saben a miel y almíbar. Las invectivas espantosas contra el fariseísmo diríase que las tiene él por genialidades e intemperancias del divino Salvador. A bien que sabe usarlas él mismo muy reciamente contra los irritables ultramontanos, que con sus exageraciones comprometen cada día la causa de una Religión que toda es paz y amor. Contra éstos anda acerbo y duro el buen resabiado, contra éstos es amargo su celo y agria su polémica y agresiva su caridad. Por él exclamó el P. Félix en un discurso célebre, a propósito de las acusaciones de que era objeto en persona del gran Veuillot: "Señores, amemos y respetemos hasta a nuestros amigos". Pero no; el buen resabiado no lo hace así: guarda todos sus tesoros de tolerancia y de caridad liberal para los enemigos jurados de su fe. ¡Es claro, como que el infeliz los ha de atraer! En cambio, no tiene más que el sarcasmo y la intolerancia cruel para sus más heroicos defensores”.

La entrevista completa, traducida, en este enlace:


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