“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

martes, 30 de diciembre de 2014

Entre bueyes y asnos




 Toda verdad nace entre un buey y un asno.

Nicolás Gómez Dávila
  
Falsa oposición dialéctica.
De un lado y de otro se vienen ofreciendo, a través de sendos sitios o blogs de internet, falsas oposiciones dialécticas con las cuales se intenta facilitar a los lectores o adscriptos de respectivas corrientes de la Tradición católica, la adhesión incondicional a cada una de ellas, a partir de la propia comparación (desde luego que con resultados favorables) con el enemigo.
Como escribió Gómez Dávila: “El hombre prefiere disculparse con la culpa ajena que con la inocencia propia”. Es la política de partidos ensuciando neciamente la labor de apostolado en la difusión de la verdad.
De un lado se encuentran los farisaicos superapóstoles, los “separados” sedevacantistas, los “domadores de leones”, los amantes de la independencia y la autonomía (curioso: algo propio de los liberales a los que afirman combatir) que en nombre de la pureza de una doctrina sectaria y obnubilada por la soberbia, declaman agresivamente que la llamada Resistencia católica (por ellos tildada de “fláccida e impotente”) y la neo-Fraternidad forman un tándem de falsa resistencia a los postulados de la iglesia conciliar, mientras que serían ellos, los super-tradis-radiales-apocalíptico-milenaristas-potentes la verdadera resistencia y la verdadera opción a elegir para mantenerse firme y absolutamente católicos.
Del otro lado, los fanáticos seguidores de la neo FSSPX, pusilánimes y obsecuentes que se escudan en la obediencia ciega e idiota disfrazada de “prudencia”, que han aceptado los principios liberales que corrompen aceleradamente la congregación fundada por Mons. Lefebvre sin que ellos denuncien el hecho o lo combatan, pues ni siquiera se atreven a admitirlo o a querer averiguarlo, que temerosos de la menor crítica a la traición de sus superiores se contentan con intentar despedazar mediante berrinches insultantes a quienes ponen en evidencia estos hechos, estos declaman agresivamente que la Resistencia en ciernes bajo el cuidado del obispo Williamson y el grupo que responde al cura Ceriani, constituyen una falsa resistencia y ellos serían en realidad los auténticos seguidores de Mons. Lefebvre en el “baluarte” de la Fraternidad.


Mientras los falsos resistentes se despedazan entre sí, en la Fraternidad las cosas marchan magníficamente bien, según el Branding periconiense del Distrito América del Sur.
(Imagen del último Encuentro de familias de la Frater)



Los primeros ponen en su vidriera malas y alborotadas argumentaciones, propias deshonestidades disfrazadas de originales aportaciones, difamaciones y mentiras manifiestas perdidas entre farragosas y laberínticas explicaciones, arrogancia insultante cubierta de devotería bien publicitada. Su propósito final termina siendo la destrucción del otro para sobre ese “cadáver” elevarse a sí mismos (v.gr. el asunto “Spes”).
Los segundos ponen sobre el tapete, a fin de convencer a los vacilantes y no tan genuflexos, la “extensión del apostolado” de la Fraternidad, los números estadísticos y las obras edilicias, sin mencionar los manejos espurios del dinero, los principios liberales admitidos explícitamente y la corrupción en muchos miembros que han permitido esa “extensión” tan insustancial y falsa como las “extensiones” de cabello que usan las vedettes que abundan en la politiquería sudamericana. Recordemos con Gomez Dávila: “La cantidad sola basta para despertar la admiración del moderno”.
Para unos la pelea es por la “primogenitura”, como afirmó acertadamente un liberal fraternitario.
Para los otros, ya seguros de su “primogenitura” supertradi en la Fraternidad, no hay pelea digna sino que hay sometimiento al “diálogo” con quienes han dejado de llamar enemigos (los sodomizados modernistas). La prueba patente de ello está inmediatamente en las “reuniones informales” que se han empezado a realizar, y que deberán continuar entre los priores de la Fraternidad y los obispos conciliares.
Frente a tales alternativas “publicitarias”, y de nuestra parte, no creemos que se ofrezca “publicitariamente” ni con ningún tipo de “branding” corporativo-empresarial otra alternativa en ese tenor en lo que se conoce como “Resistencia católica”. Estúpido, falso y desleal sería hacerlo y, a decir verdad, no vemos que nadie lo haga. La resistencia ni siquiera termina de organizarse, ni es una entidad químicamente pura, ni faltan en ella confundidos o elementos disolventes y anárquicos, como para que encima se recurra al método de la “propaganda” de las propias bondades. Pero es esa no admisión de aquellos métodos lo que precisamente ayudará en alguna medida a la integridad del combate que se lleva a cabo. De allí que las estúpidas o infundadas acusaciones de anarquía o de peleas no pueden adosarse a la resistencia como un todo en bloque. No saber indagar en todo esto que pasa y hacer generalizaciones atrevidas con el fin de justificar la propia inepcia, cobardía o estulticia, es una falta ciertamente grave y peligrosa para quienes las cometen.
En lo que concierne a este nuestro espacio de combate, vale acotar terminando el año alguna aclarancioncilla al respecto, por si a algún rezagado le interesa todavía descubrir su propia necedad, tarea que todo católico tiene que hacer pues se combate en primer lugar contra sí mismo (otra vez Gómez Dávila: “Los mediocres nos salvamos cuando somos tan mediocres que logramos verlo”). Los más adelantados nos perdonarán las obviedades y repeticiones en que pudiéramos incurrir.


Eso, eso. En vez de ocuparse de los otros para distraer la atención, ocúpense del último sermón de Mons. Fellay en las ordenaciones de La Reja. Y del exitoso nacimiento instalado en el parlamento de la Unión Europea. Y de otras estupendas iniciativas combativas del Superior general. Eso es algo bueno de qué ocuparse. 


Nuestro blog, podríamos decir, encuentra su justificación en Mt. 11,25, y su referencia a los “sabios y prudentes” a quienes Nuestro Señor no les revela el Evangelio, pues lo da a conocer a los que son “pequeños”. Para poner en evidencia a fariseos, liberales, modernistas, marxistas, y todos los que soberbiamente se hacen a sí mismos “sabios y prudentes” o “maestros y entendidos”, pero en realidad son lo contrario, hemos venido a lanzar los humorísticos “mamporros” en esta especie de “desengañador gauchipolíticoreligiosoresistente” de los tiempos convulsos e internáuticos. También lo hacemos siguiendo al Salmista cuando enseña que Dios se ha “preparado la alabanza de la boca de los pequeños y de los lactantes”, para confundir a sus enemigos “y hacer callar al adversario y al perseguidor” (Sal. 8). Acá no se mata a nadie, simplemente se ponen en la vidriera   (“Igual que en la vidriera irrespetuosa/de los cambalaches/se ha mezclao la vida,/y herida por un sable sin remaches/ves llorar la Biblia/contra un calefón...”) las actividades, los escritos, las actitudes rastreras, indignas, viles, que se quieren hacer pasar por “respetables”, “prudentes”, “sabias”, “devotas”, “piadosas” o “católicas”, es decir, todo aquello que quienes se engañan a sí mismos o aceptan el engaño, intentan transmitir a los demás como lo “bueno”, lo “correcto”, lo “mejor”, etc. A aquellos que se mueven entre la obediencia irresponsable y la pertinaz desobediencia, la cómoda indecisión y la racionalidad oscurecida por la pasión.
Nuestra alma está muy harta del escarnio de los saciados, del oprobio de los soberbios”, dice el Salmo 122. Ante tal hartazgo el bálsamo del humor viene a dar alivio y poner ante los propios ojos la advertencia: “así somos, cuidado”. Incluso nos advierte una epístola paulina que “ninguna raíz de amargura brotando fuera os sofoque” (Heb. 12,15). Así que para venir a evitar el celo amargo y el celo almibarado, apelamos al recurso de seguir combatiendo en un terreno que evite tales desvíos.
Los necios y los orgullosos tienen negado o enturbiado el sentido del humor. Unos son los burladores que retrata la Sagrada Escritura (Prov. 14,6; 15,12) que llegan al escarnio y el sarcasmo. Otros son los que dicen que Cristo no tenía sentido del humor (ver acá).
Pero la Biblia nos enseña el sentido del humor y la ironía en muchos pasajes (Ecles. 21,7 ss.; Prov. 11,22; 21,19; 27, 15-16) y también el trato que debe dispensarse a los necios: “Responde al necio como su necesidad se merece, para que no se considere como sabio” (Prov. 26,5).
Los santos nos han enseñado cómo desborda su alegría muchas veces a través del humor (por ejemplo acá).
Decía Santo Tomás Moro (que de humor e ironías sabía bastante): “El diablo... el espíritu orgulloso... no puede aguantar que se mofen de él...”. Y el genial Chesterton: “Los locos siempre son serios; enloquecen por falta de humor”. Decía otro estilista del humor agudo, Anzoátegui, que el gordo inglés “allanaba las casas de las personas respetables” (sus palabras memorables acá).
Quizá no venga mal recordar al doctor Piscolabis, ni que el humor es algo propio del hombre magnánimo que tiene así sus pequeñas alegrías. Ese es el hombre capaz de decir cuando sea necesario “Non lo sapevate un corno”.
En fin, y para no extendernos más como algunos que se extienden en dilatadísimas lecciones de su gran y potente sapiencia, o como otros que se extienden en esplendorosas y “brandingmáticas” obras, finiquitamos esto con otra perla del inglés don Gilberto: “Los ángeles pueden volar porque se toman a sí mismos a la ligera”. Que os aproveche.





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