“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

viernes, 14 de julio de 2017

Adiós muchachos




Comunicado de CRM S.A.:


Debido a un incurable ataque de retraimiento, introversión y ensimismamiento, el editor responsable del blog se ve obligado a bajar la persiana y poner el candado.

El personal estable puede pasar a retirar su liquidación final a partir de la semana que viene. (También pueden recibir asesoramiento psicológico sin cargo con el Prof. Pizzapardo, nuestro habitual colaborador).

Nuestro redactor en jefe Erwin Passacaglia nos ha hecho llegar este escrito alusivo a manera de inscripción funeraria:

El mármol funerario no recibirá
palabras que ya son un olvido,
el blog finalmente cohibido
en el aire, inactivo, seguirá.

¿Quién pudiera mensurar los dicterios
recibidos tras la dichosa jornada,
la indiferencia o la filípica patada
que prolijamente nos llovieron?

Liberales tuvieron su tormento
quitados sus suntuosos disfraces,
que ocultan su impostura de salames
abrazados al error cual hoja al viento.

Farisaicos y super tradicionales
hoy aburren con su engolamiento,
ya tuvieron su buen escarmiento,
no hay que cebarse con los carcamales.

Resta legar en herencia
para lectores de buena voluntad
humoradas, cuentos sin edad,
observaciones y cristiana sentencia.




El Rústico


jueves, 13 de julio de 2017

“Tal como somos”



“La prelatura San Pío X está en el sótano”.

De  acá

La generosa administración de la belleza





“El Político que en él había le impelía al heroísmo. Porque la política no es componenda ni enjuague, sino caridad. Y la caridad que no quema y se quema no es caridad ni es nada: es simple beneficencia con cara de vieja vegetariana”.


“Paladín de la monarquía hereditaria, Maurrás no es el monaguillo turiferario de una dinastía señalada. Es el paladín de los derechos de Dios para señalar dinastías y gobiernos: de ese Dios a quien los demócratas invitan a no meterse en lo que no le importa, mientras los pobres ciudadanos eligen a sus gobernantes en la promiscuidad del cuarto oscuro, o mejor dicho, se resignan a tener que elegir”.


“Porque al pueblo no le interesa votar. Prefiere que le den el candidato preelegido: es por eso que casi sin excepción, triunfa el caballo del comisario. Y cuando quiere votar, no lo hace para elegir el bien mayor, sino para asegurarse el mal menor, para ponerse a cubierto del mal mayor. Y es que en los gobiernos democráticos el pueblo vive bajo el temor de ser estafado. Por eso, para consolarse, el régimen tiene montado un sistema de estafas de corta duración, a las que se le da el nombre de períodos presidenciales”.


“Poeta de la política, Maurrás no puede transar con esa deformación del espíritu; porque si cualquier persona se aviene a transar con cualquier cosa que en aquel instante le conviene, hay una persona que no puede hacerlo: esa persona es el poeta, el poeta, dueño y sujeto de la belleza, a quien se debe escudero y enseñorea caballero andante y enamorado. Y, Maurrás lo sabe, la única forma de gobierno bella y limpia es la monarquía. Porque la política, en la alta aceptación de la palabra, no es la mezquina y cochambrosa ciencia de lo posible, sino la generosa administración de la belleza”.
                                           

Ignacio Anzoátegui, sobre Charles Maurrás.
Publicado originalmente en la revista «Cabildo», 1a Época, Nro. 7, 1° de Noviembre de 1973.
  

LA RELIGIÓN CHARLIE





Tres religiones se disputan hoy Francia:

-la religión tradicional (católica),

-la religión nueva (islámica),

-la religión oficial (masónica).

-La 1° quiere que el hombre suba hasta Dios incorporándose a Jesucristo, Dios descendido hasta nosotros.

-La 2° quiere que el hombre quede lejos de Dios sometiéndose a Mahoma que declara a Dios inaccesible.

-La 3° quiere que el hombre tome consciencia que él es Dios –sin otro fin ni referencia que él mismo.

Todo sería perfectamente claro si la tercera religión no tuviera la manía de avanzar enmascarada. Ella está restringida por su doctrina, porque el hombre de la calle ve claramente que él no es Dios. Nada le es más evidente. Para imponerle el dogma masónico, la religión oficial debe proceder con almohadones. Ella transmite sus ideas en un lenguaje codificado cuya llave es dejada progresivamente a los iniciados, en el interior de las logias.

Todo el vocabulario oficial de la República masónica es así codificado. Las palabras “libertad”, “igualdad”, “fraternidad”, “laicismo”, “tolerancia”, “democracia”, etc., tienen una doble significación: un sentido banal, o exotérico, para el uso de los profanos, y un sentido escondido –masónico- reservado a los iniciados.

Las instituciones de inspiración masónica tienen igualmente una doble cara –y Charlie Hebdo tiene su parte. (Su principal accionista, Bernard Maris, era miembro del Gran Oriente). Es un ejemplo característico.

Si hay un periódico que uno no tendría la idea de llamarlo “religioso”, ese es Charlie Hebdo. Interrogados, la mayor parte de sus redactores y de sus lectores se califican fieramente en la categoría de los “sin religión”. ¿Pero, de dónde vienen entonces sus obsesiones sobre ese tema? ¿Su obstinación mórbida de revolcarse en la blasfemia?

Oficialmente, es para exaltar la “libertad de expresión”, dentro de la cual el “derecho a la blasfemia” sería la condición sine qua non y la cima inmejorable. Pero ¿quién lo puede creer? Cada uno sabe que, para Charlie Hebdo hoy, como para Voltaire ayer, y para todos los masones de todos los tiempos, la “libertad de expresión” no es un absoluto sino cuando ellos la necesitan. Ella cesa bruscamente de existir cuando se trata de, por ejemplo, hablar de Dios en las escuelas públicas o en otros dominios, desde las leyes Pleven, Gayssot, Neiertz, Taubira, etc. (¿Hay que recordar que un doctor Dor ha sido pesadamente condenado por la “justicia” de la república masónica simplemente por haber manifestado su oposición al asesinato prenatal?

Usted puede dar vuelta el asunto en todos los sentidos, la única solución coherente es que esas gentes son, en realidad, devotos que ignoran que lo son. Ellos ejercen su culto como M. Jourdain ejercía la prosa: sin darse cuenta. Pues mal que mal ellos tienen una fe, una liturgia, obligaciones religiosas. La blasfemia es, para ellos, un verdadero rito. ¿La humanidad no es un dios? ¡Un dios celoso! ¡Que no puede sufrir rival! Hay que derribar los ídolos, y los zelotes de Charlie Hebdo se emplean en ello fielmente cada semana.

Herederos de los inconoclastas hugonotes y de los revolucionarios septembristas, los caricaturistas de Charlie Hebdo ejercen, en la República masónica, una verdadera función religiosa. Disfrazados de payasos (porque en la masonería, todo es disfraz), son, sino los grandes sacerdotes, al menos los grandes sacrificadores del Régimen.

Porque no hay religión sin sacrificio:

-para elevarse hacia Dios, el cristiano se ofrece él mismo en sacrificio (por Jesucristo);

-para vengar su Dios, el musulmán inmola a los otros (como Mahoma);

-para convencerse de que él es un dios, el masón prueba de inmolar el Dios de los otros (en efigie).

Esta simple comparación ¿no es suficiente para discernir la verdadera religion?



Lettre des dominicains d’Avrillé n° 73, Février 2015.

Desperfectos radiales, al fin solucionados





¿Pondrá Mons. Felé la FSSPX en sus manos?



Discernir



Como niños



"En verdad os digo que si no os volvéis y hacéis semejantes a los niños, no entraréis al reino de los cielos". Mt. XVIII, 3.


De acá

LA EXPULSIÓN DEL PADRE JORGE





De acá

Cada tanto el periodismo adulón (y valga el pleonasmo) trae alguna anécdota de Bergoglio anterior a su satrapía en la Ciudad Eterna a los fines de reforzar la simpatía por este pontífice tan ajeno al protocolo. Para quienes se abstienen de imitar al avestruz en sus curiosos hábitos de soterrar la testa, comer vidrio o correr en zigzag, estas consejas terminan causando el efecto contrario al que se quiere inducir. Pero la Neoiglesia, así como suplantó altares por mesas playeras y devocionarios por libros de autoayuda, así también trocó fieles por ñandúes, logrando de esta manera que un Bergoglio se haga pasable y hasta grato al paladar. Lo había previsto un horrorizado Jeremías (5, 31): los profetas profetizan mentira, y los sacerdotes gobiernan según su antojo; y esto le gusta a mi pueblo.

Sacan a relucir el testimonio de un entrenador de fútbol, Alfio "Coco" Basile, que cuenta la ocasión en que echó a un ignoto cura del vestuario de San Lorenzo de Almagro momentos antes del inicio de un partido en el que debutaba al frente del equipo, hacia 1998. El meterete, según le fue entonces explicado al flamante entrenador, solía venir a conversar con los jugadores antes de echarse a rodar la pelota como para darles ánimo, lo que no obstó para éstos perdieran un partido tras otro hasta la contratación de Basile, quien no vaciló en su juicio sobre el clericalismo (con el resultado de la ulterior remontada deportiva).  Fortuitamente y al cabo de unos años vino a conocer la identidad de aquel intruso.

Este género de desvelos pastorales de aquel que, a la sazón, ya era arzobispo de Buenos Aires (aunque gustara confundir humildemente su dignidad episcopal con la del último cura), fueron puestos en su sitio por uno que -a no dudarlo- no debía tener la menor noción de lo que San Pablo arguyó a Timoteo acerca de la calidad requerida a los príncipes de la Iglesia (I Tm 3,2): oportet episcopum irreprehensibilem esse, ni de aquel que Trento había definido como el más urgente entre los oficios episcopales: el de la predicación -que no el aliento al futbolista. Su ignorancia en la materia no impidió que reconociera que acá había una excrecencia, una sobra, toda una superfluidad ataviada en modestísimo clergyman, y que cumplía quitarla de en medio.

Nuestra pregunta, ya conocida la anécdota, es: ¿no hubo nadie, antes de la ordenación sacerdotal de Bergoglio, dispuesto a atender aquel otro consejo paulino (I Tm 5,22): «no impongas a nadie las manos sin la debida consideración»? ¿Nadie que advirtiera al papa polaco que este Judas no debía ser consagrado obispo ni creado cardenal? ¿Nadie que le urgiera al papa bávaro la suspensión a divinis de este auténtico tiburón de su propia diócesis, después de que se hizo patente y notorio que se hacía bendecir por los tele-protestantes, que vestía la kippah, que encubría a subordinados veraneantes con amigas en el Caribe merced a los fondos de Cáritas o que desmantelaban la histórica Casa de Ejercicios para quedarse con la renta de las monjas allí residentes? ¿Tan autodestructivo es el credo conciliar, que hace falta un Coco Basile para fulminar el apropiado anatema y la excomunión de esta persistente plaga?


"Mi comida favorita"



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